¿Por qué ATENEA, a veces, me muerde la mano cuando la acaricio?
¿Tiene un trastorno de personalidad?
Las caricias plantean un conflicto emocional para algunos gatos. Cuando son cachorros, cuentan con sus madres para tener calor, alimento y aseo. Mientras los gatitos se arriman para mamar, la madre les limpia la piel con su lengua áspera como una lija. Les lame las orejas y el trasero y les acicala la piel, eliminando parásitos y cualquier suciedad que se haya acumulado. Para el gatito es una de las primeras sensaciones que tienen en la vida, y también una de las más agradables.
Este acicalamiento social continúa mientras el gatito sigue mamando. En las colonias naturales de gatos, en las que madres e hijos permanecen juntos [situación semejante a la de los grupos de leones], la madre puede continuar haciéndolo de vez en cuando con sus hijos ya crecidos, pero sólo durante períodos de tiempo relativamente cortos.
Por regla general, sin embargo, una vez que el gatito abandona el hogar acaba el contacto físico con otros gatos. Los felinos no se acicalan normalmente unos a otros; sólo tienen contacto físico para conservar el calor, para encuentros sexuales o cuando las circunstancias y los lazos sociales lo permiten. Hay una sola excepción significativa: en cautividad, algunas veces se mantiene junta a la camada en el mismo hogar. Se les castra a una edad temprana. Generalmente antes de llegar a la pubertad, aproximadamente a los 6 meses. Bajo estas circunstancias, el contacto físico entre los gatos continúa: duermen juntos, y siguen aseándose mutuamente. La “cultura” de estos gatos es muy diferente a la de sus hermanos que llevan una existencia de abandono. En la vida en las colonias callejeras, el acicalamiento social sólo tiene lugar entre hembras emparentadas.
Las personas, en cambio, lo prolongan durante toda la vida. El tacto es su sentido más importante y obtienen placer al acariciar la piel del gato, tan suave, tibia y sensual. A los gatos, en principio también les gusta, porque les recuerda los cuidados maternos, pero cuando se prolonga demasiado tiempo les plantea un conflicto emocional. El gato siente una amenaza repentina; muerde, se aleja de un salto, se siente mejor y, la mayoría de las veces, acude de nuevo al regazo y permite que lo vuelvan a acariciar.
El problema no estriba tanto en una doble personalidad felina como en el contínuo contacto que necesita el humano para sentirse cómodo. Hay que buscar el equilibrio: en cuanto el gato da muestras de nerviosismo, hay que parar las caricias.
NOTA: En una colonia externa de gatos, o de cualquier animal del que no se quieren cachorros indeseados, es una buena medida castrar primero a los machos, porque son los que peor lo pasan, cuando se pueda, se castra a las hembras.
AUTOR: BRUVE FOGLE
VETERINARIO, Y EXPERTO ETÓLOGO
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