A finales del siglo XIX, el cuerpo sin vida de una joven apareció flotando en el río Sena a su paso por París. No presentaba signos de violencia y, a pesar de haber muerto ahogada, en su rostro se apreciaba una sonrisa serena.
Todo parecía indicar que se trataba de un suicidio, y ante esta idea fue llevada a la morgue de la ciudad, a la espera de que alguien la reconociera. Nadie lo hizo, así que el misterio de su imagen fue creciendo de boca en boca.
Su anonimato y su abandono no la sentenciaron al olvido, sino que proyectaron su vida después de, supuestamente, habérsela quitado. Sin embargo, el recuerdo incierto de aquella chica, su propia voluntad desconocida previa a la muerte, resultaron el margen perfecto en el que operar el machismo de la época, hasta convertirla en una idea soñada que salvaría millones de vidas.
Lo que no se cuenta es que la famosa máscara de la "ahogada" no puede ser de una mujer VIVA, pues los ojos están compuestos por líquido, lo que significa que en el tránsito de la muerte, los ojos se quedan HUNDIDOS: una de las características de los cadáveres es que tienen los ojos HUNDIDOS cosa que no refleja la máscara, donde se aprecia claramente la CONCAVIDAD DE LOS OJOS. Otro bulo más, que por cierto apunté a Iker, el de los fantasmas, y no hizo caso.
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