08 mayo 2025

 


 
Sí, ya sabemos que la caza supone puestos de trabajo e ingresos (aunque no tantos como aseguran y además se mete en el zurrón mucho dinero público en forma de subvenciones), ¿pero acaso eso justifica el reguero de violencia, sufrimiento, sangre, muerte de animales de tantas especies, accidentes de tráfico, contaminación, conductas delictivas, víctimas también humanas o educación en la crueldad que conlleva?
Normalmente las actividades organizadas criminales o las que deberían formar parte de esa categoría aunque todavía no lo hagan, implican a gente ocupada en ellas y beneficios económicos. ¿Y qué? ¿Son por eso inocuas?
Sí tales hechos las convirtiesen en ejemplares deberíamos, entre otras aberraciones, nombrar empresarios del año a proxenetas, conceder beneficios fiscales por contrataciones a organizadores de peleas de perros o meter en el Ibex 35 a los grandes narcotraficantes.
La caza es una forma canalla de divertirse y depravada de lucrarse. Su lugar está en lo prohibido (como ya ocurre en varios países) y jamás en el reconocimiento positivo, pero en esta España baluarte-vertedero de la caza y la tauromaquia donde salvo excepciones los políticos carecen de empatía y valor ante el maltrato animal institucionalizado, sigue contando más el dinero obtenido que su procedencia sangrienta, el entretenimiento atroz practicado y defendido por las élites que atender a una demanda mayoritaria de la sociedad, y el voto de un miserable que todos los cadáveres de inocentes que va dejando tras de sí.


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