Todos quieren la foto, pero nadie ve el dolor. "Vi a este viejo león —con cicatrices, cansado y cojeando— rodeado de cámaras y turistas. Y me di cuenta: ¿Con qué frecuencia convertimos el sufrimiento en un espectáculo?" Ya no es el feroz rey de la sabana, solo otra oportunidad para una foto. Nadie se pregunta cuántas batallas ha sobrevivido, cuánto duele cada paso, ni qué historias se esconden tras esos ojos cansados y abatidos que miran al suelo. La naturaleza no necesita nuestra admiración ni nuestros flashes. Solo necesita nuestro respeto silencioso.


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