La vida de África estaba llena de miedo, confinada en una jaula diminuta y abarrotada de tablas y barrotes de metal, golpeada, gritada y abucheada. Cuando Perú prohibió los circos con animales, el circo luchó contra la confiscación y solo nos quedamos con las hembras. Leo y sus hijos fueron secuestrados, pero los encontramos y los rescatamos meses después. Hoy, África ve pasar el mundo desde su plataforma favorita en el Santuario de Vida Silvestre ADI, rodeada de verde, por fin a salvo. África comparte su hábitat de 2 hectáreas con su querida hermana Kiara, y juntas deambulan, juegan y duermen la siesta bajo el sol africano, viviendo por fin la vida que la naturaleza les dio. Cada día, África estira las piernas, explora su entorno y escucha los sonidos de la naturaleza. Así es la verdadera libertad: una segunda oportunidad, una familia reunida y un futuro lleno de paz.


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