Noviembre de 1937. Las hordas franquistas arrasaban la provincia de Sevilla, sucumbida al golpe fascista o caída prácticamente sin oponer resistencia.
En el pueblo de Guillena, la represión se instauró desde el primer momento. Los hombres cercanos al Frente Popular que no habían conseguido huir al monte o unirse a la resistencia antifascista ya habían sido fusilados o encarcelados.
Las mujeres se quedaron conviviendo con el miedo, el hambre, la desesperación y también fueron víctimas de la represión y la humillación. En Septiembre de 1937 los falangistas fueron a buscar a 17 vecinas de Guillena a sus casas. Eran campesinas y jornaleras, tenían entre 24 y 70 años. Su único crimen era ser cónyuges, hijas, hermanas, viudas de Republicanos. No hubo más de lo que las pudieran acusar, porque tampoco hubo acusación ni consejo de guerra. Entre el 6 y 8 de noviembre fueron sacadas de sus celdas, les había llegado la hora. Las torturaron, raparon, obligaron a beber aceite de ricino, las humillaron y pasearon por todo el pueblo antes de cargarlas a un camión que las trasladó a Gerena.
La crueldad con la que las trataron fue absolutamente inhumana, los vecinos de Gerena contaron que sus gritos resonaron en todo el pueblo antes de escuchar los disparos con las que acabaron con sus vidas. La humillación no finalizó con la ejecución de las 17 mujeres. La escoria sub-humana formada por este comando falangista de Gerena no teniendo suficiente con matarlas decidieron violar uno de los cadáveres y también rajar el vientre de la que estaba embarazada para exhibir el feto que le extrajo a navajazos. Después del martirio y fusilamiento lanzaron los cuerpos de las 17 mujeres a una fosa común.


No hay comentarios:
Publicar un comentario