30 junio 2025

 

 

 


 

 Tenía solo dos meses.
Y llevaba más de cinco días atrapada bajo los escombros.

Fue en Turquía, después de uno de los terremotos más fuertes que han vivido.
Todo colapsó.
Familias enteras desaparecieron.
Y entre ellas, una bebé…
Pequeña. Frágil. En silencio.
Como si el mundo la hubiera olvidado.

Pero no.
Cinco días y ocho horas después… un rescatista escuchó un sonido.
Casi imperceptible.
Un quejido débil, como un susurro.
Cavaron. Buscaron. Y ahí estaba ella.

Con vida.

Envuelta entre restos de cemento, polvo y muerte…
llorando bajito.
Respirando.
Sobreviviendo.

La envolvieron con cuidado.
Le limpiaron el rostro.
Y la llevaron directo al hospital.

La llamaron Gizem.
Significa “misterio”.
Porque nadie podía entender cómo aguantó tanto.

Y por si fuera poco…
54 días después, la vida le regaló otro milagro:
su mamá también estaba viva.
Y ese reencuentro fue como ver a la esperanza volver a nacer.

Gizem ahora sonríe.
Y aunque aún no entiende todo lo que pasó…
su historia se ha convertido en símbolo de fuerza, fe y supervivencia.

Porque a veces, la vida se abre paso…
incluso donde ya nadie la espera.

Y nos recuerda que, aunque todo parezca derrumbado,
si algo dentro de ti sigue respirando…
aún no todo está perdido.

-Susana Rangel

 


 

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