¿Hay gente que se excita contemplando desastres?
Publicada en 1973, la novela Crash gira en torno a individuos que se excitan sexualmente escenificando accidentes automovilísticos o participando en colisiones reales. La obra, del británico J.G. Ballard, describe un patrón de comportamiento sexual muy particular, la sinforofilia, término acuñado en 1984 por el controvertido psicólogo neozelandés John Money para describir a quienes se enardecen observando o representando catástrofes [por ejemplo, incendios o explosiones, naturales o no] e incluso provocando situaciones cuyas consecuencias pueden ser mortales. Sin embargo, la fuente de placer no reside ni en el suicidio ni en el asesinato, sino en el coqueteo con el desastre, con encarnar al “temerario que vivirá para arriesgarse a una muerte amorosa nuevamente” explicaba Money.
Varios episodios de la serie de televisión Mentes Criminales han tratado el tema. Por ejemplo, al personaje ficticio Travis James, sinforofiliaco y asesino en serie, le excitaba acercarse a tornados, lo que incorporó a su modus operandi como asesino en serie.
En la vida real, el ingeniero mecánico húngaro Szilveszter Matuska, muy notorio en los años 30 del siglo pasado por provocar el descarrilamiento de trenes de pasajeros, llegó a alcanzar el orgasmo mientras veía como chocaban los vagones que había saboteado. Lo certificó un examen forense de los pantalones que había usado la noche de uno de los incidentes fatales y en los que se encontraron manchas de semen.


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