Mientras los seis de La suiza y los cuatro de Zaragoza se duermen en las cárceles gracias a las sentencias de jueces alineados con la ultraderecha, los líderes de Vox pasean libremente por las calles, incitando al odio y la violencia. Hay algo muy podrido en la sociedad española, un franquismo sociológico que ha reverdecido al calor de la ola reaccionaria impulsada por Trump, Meloni, Orban, Milei, Bukele y otros energúmenos.
Rocío de Meer, una de las cabezas visibles de la hidra ultraderechista, ha utilizado los mismos argumentos que los nazis para pedir la deportación de ocho millones de inmigrantes: "estamos amenazadas como nación", "tenemos derecho a sobrevivir como pueblo", "remigración para frenar el gran reemplazo". Cuando un partido aviva la violencia, el racismo y la discriminación, pierde su derecho a participar en el juego electoral. Los inmigrantes no son un amenaza. En la última década, han aportado el 12% anual al crecimiento del PIB y han contribuido a sostener el sistema de pensiones. Vox sí es una amenaza para la democracia y la libertad. Debería correr el mismo destino que Amanecer Dorado, ilegalizado en Grecia por sus ideas antidemocráticas.
El gobierno de Pedro Sánchez debería indultar a las víctimas de la represión franquista ejercida por jueces nostálgicos de la dictadura. Los seis de la La suiza y los seis de Zaragoza no son delincuentes, sino activistas sociales. Si quiere frenar a la derecha, Sánchez debe adoptar una postura verdaderamente progresista. Su tibieza solo alimenta la hoguera reaccionaria. La sociedad también debe despertar y superar el embrutecimiento que la está convirtiendo en masa. Menos reguetón, menos redes sociales, menos programas televisivos de contenido indigno y más libros. Sin una ciudadanía ilustrada, el fascismo continuará creciendo y destruyendo los derechos y libertades que conquistaron con enormes sacrificios las generaciones anteriores. El huevo de la serpiente ya ha comenzado a eclosionar.




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