SOBRE EL VEGANISMO, Y EL BULLING.
Hoy he recordado cuándo y como empezó mi proceso de cambio, de no comer animales:
Fue al poco de casarme ya estando trabajando, al empezar a rescatar perros y buscarles hogar, cuando tenía veintimuchos años. Ya tenía perro (mi tercer perro de la vida). Un día, en el coche, yendo con nuestro perro, nos encontramos mi marido y yo a un perro mastín joven y grandote en la mediana de una carretera a la salida de Cuenca.
En Cuenca había mucho abandono de perros, y nos habíamos hecho de una protectora para mejorar la perrera municipal.
Paramos, pudimos cogerlo, y lo llevamos a un centro de cría de truchas de la Junta donde vivía un amigo agente medioambiental y su mujer, para que viviera allí con ellos y cuidara la finca (de los ladrones).
Poco tiempo después, ese perro murió, y rescatamos a un pastor alemán al que llevamos a esos mismos amigos. Allí vivió hasta que se hizo viejo.
El caso es que ese amigo me dijo que por qué yo rescataba perros y estaba en contra de las corridas de toros, y en cambio comía terneritos, que son iguales que un cachorro de perro.
Entonces me dí cuenta de que tenían razón, de mi incongruencia vital, y decidí dejar de comer terneros, corderos, y cerdos. Aunque el pollo y el jamón serrano lo tomaba si me lo ponían, porque me daban menos empatía, menos pena.
Años después, me di cuenta de que ellos se merecían mi misma piedad y respeto, por no decir más todavía. Son los peor tratados.
Hoy en día, mi mayor lucha es por ellos, por los más maltratados. Adoro a los cerditos. No soporto lo que se les hace.
No soporto la tortura a los débiles e indefensos.
No soporto el bulling.
No soporto la tortura al débil.
No soporto la esclavitud despiadada.
No soporto la matanza de los débiles.


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