Antibióticos y hormonas en alimentos de origen animal
12/12/2025
Cuando se habla de antibióticos y hormonas en carne, leche o huevos, muchas personas piensan de inmediato en los «restos» de estos compuestos que podrían llegar hasta su plato. Y este es un asunto importante, por supuesto. Pero los riesgos que acarrea la ganadería sobre la salud humana van mucho más allá.
Los defensores del modelo alimentario actual afirman que la Unión Europea cuenta con una de las legislaciones más estrictas a nivel mundial en cuanto a restos de antibióticos y hormonas, y que el consumo de carne, huevos y lácteos en Europa es muy seguro. Esto es parcialmente cierto: el uso de antibióticos como promotores de crecimiento está prohibido desde 2006 y el de hormonas, desde finales de los años ochenta. Cada lote de carne, leche o huevos debe ajustarse a límites máximos de residuos muy bajos, y los resultados de los controles oficiales muestran que una gran mayoría de las muestras cumplen la normativa.
En contraste con la legislación europea, muchos países incluyendo Estados Unidos y Australia, permiten los implantes de hormonas sexuales (estradiol, testosterona, progesterona, zeranol, acetato de trenbolona y MGA) en ganado bovino para aumentar la producción de carne, y Estados Unidos sigue autorizado el uso de somatotropina bovina recombinante (rBST) conocida también como hormona del crecimiento bovino recombinada, en vacas lecheras, lo que incrementa la producción de leche. Uno de los efectos perjudiciales del uso de esta hormona es que incrementa la prevalencia de mastitis en las vacas y en consecuencia obliga a usar aún más antibióticos.
Las bacterias resistentes a antibióticos son ya una de las mayores amenazas para la salud pública mundial
La gran amenaza: la resistencia bacteriana
El uso de antibióticos en la ganadería, incluso aunque se respeten los tiempos de supresión antes del sacrificio que evitan que aparezcan residuos en los alimentos, favorece la aparición y el crecimiento de bacterias resistentes. Estas bacterias pueden transmitirse a los humanos a través de la carne, la leche, los huevos, el contacto directo con los animales o incluso a través del medio ambiente, cuando los estiércoles contaminados alcanzan suelos y aguas.
Las bacterias resistentes a antibióticos son ya una de las mayores amenazas para la salud pública mundial: solo en Europa se estima que causan más de 30.000 muertes al año. Naciones Unidas llama a la resistencia bacteriana la «asesina silenciosa» y la hace responsable directa de 1,3 millones de muertes e indirecta de otros 5 millones cada año a nivel mundial. Además nos advierte de que cualquiera de nosotros puede ser víctima de este problema: aunque gocemos de buena salud, cualquier cirugía o accidente por el que adquiramos una infección resistente puede llevarnos a la muerte en cuestión de horas o días.
Lo más preocupante es que mientras la producción de carne, leche y huevos siga dependiendo de millones de animales criados de manera intensiva, el riesgo de que aparezcan nuevas resistencias continuará. De hecho, un informe reciente de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicado en abril de 2025, advierte que el uso global de antibióticos en ganadería podría aumentar un 30% de aquí a 2040, alcanzando más de 143.000 toneladas anuales si no se toman medidas. Este incremento supondría un serio obstáculo en la lucha contra la resistencia antimicrobiana.
Así, aunque los alimentos en sí mismos lleguen al consumidor con residuos mínimos o nulos, es el sistema de producción el que hace peligrar la eficacia de los antibióticos, que son herramientas esenciales en la curación de infecciones humanas.
La ganadería ecológica se presenta como una alternativa más segura, ya que restringe aún más el uso de antibióticos
¿Y la ganadería ecológica?
La ganadería ecológica se presenta como una alternativa más segura, ya que restringe aún más el uso de antibióticos: estos solo se permiten para tratar enfermedades diagnosticadas, y si un animal recibe un tratamiento puede perder durante un tiempo la certificación ecológica. La ganadería ecológica pone el foco en la prevención mediante las mejoras en las condiciones de vida que disminuyen el riesgo de que los animales adquieran infecciones. Esto supone una disminución del peligro de resistencias bacterianas, pero no lo elimina. Mientras existan animales criados en grupo, existirán riesgos de transmisión de enfermedades y, con ello, la necesidad constante de usar antibióticos.
¿Cuál es la solución?
La evidencia científica y las recomendaciones de organismos internacionales convergen en un punto clave: la única estrategia eficaz a medio y largo plazo es reducir de forma sustancial la producción y el consumo de alimentos de origen animal. Esto significa, en el corto plazo, avanzar hacia un modelo en el que la producción de carne, lácteos y huevos sea minoritaria y residual, reservada a contextos específicos y con controles aún más estrictos. El núcleo de la alimentación debería estar formado por alimentos vegetales, como las legumbres, los cereales integrales, las frutas y verduras, los frutos secos y las semillas.
Este cambio ayudaría a contener el problema de las resistencias a antibióticos y tendría beneficios adicionales: reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero ligadas a la ganadería, mejorando la eficiencia en el uso de agua y suelos y favorecería dietas más saludables. El verdadero riesgo no está en lo que queda en los alimentos, sino en lo que ocurre durante su producción.
Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra.
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