02 enero 2026

 

 

Esta mañana he ido a comprobar la colonia de gatos de *G, después del lanzamiento de petardos...etc. en nochevieja y me encuentro con "Gudari" tirado en una pose muy rara. Me temo lo peor, y efectivamente confirmo mis peores sospechas: SÍ está muerto con sangre en la boca.

Pobre alma, pobre chiquitín.
 
 

 
Me imagino su terror, sin saber dónde meterse, hasta morir por el estruendo de los cohetes: un gato posee un oído superior al del perro. Lo que para nosotros es una explosión molesta, para ellos significa el terror y la muerte.
 
Me he quedado hecha polvo. 
 
Pienso en que habrá bastantes otros seres inocentes que hayan muerto de miedo por esos malditos cohetes.
 
 

 
 
Tomo precauciones en los festejos de cada año en las fiestas de Agosto y de Diciembre: bajo las persianas y pongo música de Mozart. Ayuda mucho a mis gatos. Lo sobrellevan bien. Pero los que están en la calle no se libran. 
 
 

 Vendaje especial para tranquilizar a los perros contra el ruido fuerte.  Este ejercicio se acompaña con música suave, y no dejar al animal solo. Bajar persianas y aislarse lo mejor que se pueda. 

 


 

El oído del perro es mucho más agudo y amplio que el humano, pudiendo captar frecuencias mucho más altas (hasta 45.000-65.000 Hz vs. los 20.000 Hz humanos), oír a mayor distancia (4 veces más lejos) y localizar sonidos con mayor precisión gracias a sus orejas móviles, lo que les permite detectar presas o peligros que para nosotros son imperceptibles, aunque también los hace más sensibles al ruido fuerte. 


El oído del gato es superior al humano, detectando frecuencias mucho más altas (hasta 65-100 kHz vs 20 kHz humanos), gracias a sus 20 músculos auriculares que giran independientemente para localizar sonidos con precisión, una ventaja clave para la caza de presas pequeñas como roedores, y su estructura profunda del oído les da un sentido del equilibrio asombroso, permitiéndoles oír ultrasonidos y vibraciones imperceptibles para nosotros, según UNAM Global. Por este motivo los petardos y cohetes les causan:


Estrés agudo, pánico y fobias en gatos y perros debido a su oído sensible, provocando temblores, taquicardia, vocalizaciones, intentos de huida y escondite, y en casos graves, accidentes, infartos, daños auditivos, quemaduras o intoxicaciones por ingestión de restos, llevando a comportamientos extremos como la desorientación y el escape incontrolado, según Infobae, Animal Ethics, AnimaNaturalis y otros. 





No sólo los animales tienen terror a los petardos, muchas personas también lo padecen debido a la
ligirofobia (miedo a ruidos fuertes) o fonofobia
, experimentando ansiedad, pánico, parálisis o crisis, especialmente niños con autismo, personas mayores, con ansiedad, y también afecta a animales; esto ocurre por la intensidad, sorpresa y desconexión entre el ruido y el evento, provocando una respuesta de estrés intenso. 
 
 



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