11 agosto 2025

 

Chile

poesías

de las

cárceles

canciones

del destierro


Aurora de Albornoz


Luciano:


Alto como la patria y joven como la revolución,

siempre vivo y cercano como el dolor de tu partida

o el vino en las tazas rotas del pueblo

junto a las fogatas deliberantes del Sur.


Tu nombre sonará en las batallas su disparo cierto

en el centro oscuro del invasor que arrojabas de tu

América

con tu mano insurrecta que floreció en pistolas imborrables


En los vientos azarosos de esta tierra

en su útero azul como una costilla del cuerpo americano.


En cada carga de tu pueblo.


En los avances tempestuosos de la marea carnal

que conducías con tu ser como una ola

de fuerza y luz batiendo el roquerío del imperio.


Los muertos no se lloran, dijo tu voz clandestina una vez


ante un cadáver que yacía en pleno pueblo sepultado

por balas norteamericanas, flores lánguidas y lágrimas


para incorporar al caído y transformarlo en armamento.


Todo muerto nuestro será un lázaro que echará a andar y


combatir con sus hermanos.


Hoy debemos alzarte, Luciano, cuan largo como Chile

y gatillar tu memoria, tu alta potencia de amor

como un mortero de alcance exacto en las viseras de

Washington.


No hay que llorar Luciano, lo sé, en este agosto

sedicioso y tenso, aunque el sol derrame cirios

por las pertinaces goteras de los pobres

y las voces de los niños doblen campanas dulces

por tu juventud jamás hincada, como premoniciones

de Lucianos que vendrán,

y las novias sin seda y sin zaguán sientan

una ausencia honda en su cuello

y la harina de tu nombre hornea un pan flamígero

en las bocas del Arauco.

Quien se anima, Luciano a detener esa lágrima

que baja como una espada

por la mejilla crucificada de la abuela mapuche

de Pitrufquén.

Las banderas del MIR tabletean en el aire

enlutado de los campamentos como una salva rojinegra


mientras el cuerno resume el desgarrón

de todas las gargantas.


Los muertos no se lloran, Luciano.


Se beben despacito, se tragan como pólvora,

apretando los ojos, para vivir con uno más adentro

y liberarlo en la hora en que el pueblo sea

su propio rey.


También el absurdo es reaccionario.


La desgracia odia al pobre con su lógica enemiga

de quienes no tienen días, ni noche, ni hogar, ni mantel


en persecución de los contrarrevolucionarios y en una

jornada reúnen la geografía de la liberación

trayendo los zapatos arenas de Atacama a los bosques

nevados de Lautaro.


Juntando los pétalos de la guerra para una sola flor

obra de su victoria.


La victoria de América, Luciano, tu victoria.


No hay adioses, Luciano, no habrá lágrimas,

hasta la guerra siempre, contigo el alto

como una bandera, como un fusil sonriente,

cuan largo como Chile.


Alto como la patria y joven como la revolución.



                                        Luciano Cruz Aguayo, en la memoria


A Luciano Cruz, en el aniversario de su muerte. Líder estudiantil, fundador y dirigente del MIR, murió accidentalmente en Agosto de 1971. Sus funerales dieron lugar a uno de los más imponentes actos de masas del primer período del gobierno de Salvador Allende.

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