Chile
poesías
de las
cárceles
canciones
del destierro
Aurora de Albornoz
Luciano:
Alto como la patria y joven como la revolución,
siempre vivo y cercano como el dolor de tu partida
o el vino en las tazas rotas del pueblo
junto a las fogatas deliberantes del Sur.
Tu nombre sonará en las batallas su disparo cierto
en el centro oscuro del invasor que arrojabas de tu
América
con tu mano insurrecta que floreció en pistolas imborrables
En los vientos azarosos de esta tierra
en su útero azul como una costilla del cuerpo americano.
En cada carga de tu pueblo.
En los avances tempestuosos de la marea carnal
que conducías con tu ser como una ola
de fuerza y luz batiendo el roquerío del imperio.
Los muertos no se lloran, dijo tu voz clandestina una vez
ante un cadáver que yacía en pleno pueblo sepultado
por balas norteamericanas, flores lánguidas y lágrimas
para incorporar al caído y transformarlo en armamento.
Todo muerto nuestro será un lázaro que echará a andar y
combatir con sus hermanos.
Hoy debemos alzarte, Luciano, cuan largo como Chile
y gatillar tu memoria, tu alta potencia de amor
como un mortero de alcance exacto en las viseras de
Washington.
No hay que llorar Luciano, lo sé, en este agosto
sedicioso y tenso, aunque el sol derrame cirios
por las pertinaces goteras de los pobres
y las voces de los niños doblen campanas dulces
por tu juventud jamás hincada, como premoniciones
de Lucianos que vendrán,
y las novias sin seda y sin zaguán sientan
una ausencia honda en su cuello
y la harina de tu nombre hornea un pan flamígero
en las bocas del Arauco.
Quien se anima, Luciano a detener esa lágrima
que baja como una espada
por la mejilla crucificada de la abuela mapuche
de Pitrufquén.
Las banderas del MIR tabletean en el aire
enlutado de los campamentos como una salva rojinegra
mientras el cuerno resume el desgarrón
de todas las gargantas.
Los muertos no se lloran, Luciano.
Se beben despacito, se tragan como pólvora,
apretando los ojos, para vivir con uno más adentro
y liberarlo en la hora en que el pueblo sea
su propio rey.
También el absurdo es reaccionario.
La desgracia odia al pobre con su lógica enemiga
de quienes no tienen días, ni noche, ni hogar, ni mantel
en persecución de los contrarrevolucionarios y en una
jornada reúnen la geografía de la liberación
trayendo los zapatos arenas de Atacama a los bosques
nevados de Lautaro.
Juntando los pétalos de la guerra para una sola flor
obra de su victoria.
La victoria de América, Luciano, tu victoria.
No hay adioses, Luciano, no habrá lágrimas,
hasta la guerra siempre, contigo el alto
como una bandera, como un fusil sonriente,
cuan largo como Chile.
Alto como la patria y joven como la revolución.
Luciano Cruz Aguayo, en la memoria
A Luciano Cruz, en el aniversario de su muerte. Líder estudiantil, fundador y dirigente del MIR, murió accidentalmente en Agosto de 1971. Sus funerales dieron lugar a uno de los más imponentes actos de masas del primer período del gobierno de Salvador Allende.

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