La idea de que los animales necesitan ser comidos porque "siempre ha sido así" o porque "es la cadena alimentaria" es un ejemplo de cómo se usa la normalidad como justificación.
Nuestra sociedad ha creado reglas definidas como normales para dejarnos vivir en paz la producción de carne y su consumo, la elección de qué comer y cómo tratar a los animales es una decisión cultural y moral, y quien decida no explotarlos y no comerlos es visto como diferente, raro, extremo.
Es importante reconocer que nuestra percepción de normalidad puede verse influenciada por factores como tradición, conveniencia e ignorancia. Podemos elegir seguir los hábitos sociales, o podemos optar por desafiar y buscar alternativas más compasivas y sostenibles.




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