“Peste porcina: Aragón abre la veda a la caza masiva de jabalíes: visores térmicos, redes y hasta 30 euros por animal”.
Un titular perfecto para dibujar el panorama de siempre: un problema causado por el modelo industrial de explotación animal… y una “solución” que consiste en matar animales salvajes. La historia se repite, porque es más fácil disparar que asumir responsabilidades.
La peste porcina africana no nació en los jabalíes de Aragón, ni en los de España, ni en los de Europa. Es un virus que se describió hace más de un siglo en África Oriental, circulando de forma natural entre jabalíes africanos y garrapatas, donde no causaba prácticamente enfermedad. El verdadero salto se produjo cuando el ser humano llevó cerdos domésticos a esos mismos territorios y montó sistemas intensivos de cría. Ahí apareció la vulnerabilidad, ahí surgieron los brotes graves.
Es decir: el virus no lo creó la fauna salvaje europea; lo amplificó la ganadería intensiva.
Pero ahora, como siempre, toca buscar culpables cómodos. En lugar de cuestionar un modelo de producción que concentra miles de animales hacinados, con estrés y con una vulnerabilidad sanitaria altísima, se opta por la vía rápida: matar jabalíes. Muchos jabalíes. Todos los que se pueda. Y encima pagando por animal.
La excusa perfecta: “lo hacemos para salvar a la economía”. Y de paso, algunos cazadores podrán posar de héroes, de salvadores de la humanidad.
La contradicción es grotesca:
– El virus es introducido y propagado por actividades humanas.
– La ganadería industrial es la que crea el caldo de cultivo perfecto para que las enfermedades se descontrolen.
– Pero la culpa final recae sobre los animales salvajes que simplemente existen.
Así funciona el sistema: los animales de granja pagan con sufrimiento; los animales salvajes pagan con muerte; y nadie toca el verdadero origen del problema. Y, como remate, se abre una veda masiva financiada con dinero público.
Todo para no reconocer lo evidente: la peste porcina no es un problema de jabalíes. No fue el bosque quien infectó a las granjas, sino la actividad humana quien lo introdujo en el ecosistema.
Y hasta que eso no se asuma, seguirán poniendo dianas allí donde no están las causas. Y como siempre todo lo miden en pérdidas millonarias, solo importa eso.


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